martes, 7 de abril de 2015
Sueños plasmados de colores
Caía el atardecer entre las hojas de un cuaderno teñido de tonos rojizos y naranjas
mientras el sol jugaba al escondite en aquel horizonte que poco a poco
se adueñaba de su luz, que poco a poco le quitaba vida y color a una fría tarde de verano a la orilla de un río.
Las horas se consumian y el compañero de juegos de aquella tarde tan solo dejaba como rastro unas pocas nubes que había vestido con sus mejores galas para que bailaran al son de sus despedida.
Y es que cuando la noche hizo presencia con su oscuridad y su temible incertidumbre,
el frío ya pesaba y la silueta inconscientemente dibujada en el folio no era suficiente compañía para aquel niño que plasmaba sus sueños en un cuaderno lleno de colores.
Jamás se rendiría, cada tarde volvería a aquel lugar y pintaría sus sueños, esperando que aquella silueta tomara vida y le susurrará al oído: "Ven, juguemos juntos cada tarde a querernos, a querernos aquí, ahora y para siempre.
Jonay Perea
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